lunes, 18 de diciembre de 2017

Cosas para leer: The Hangsman's Daughter de Oliver Pötzsch


Los detectives históricos unen dos de los géneros más populares de la literatura para el público general y, por ello, no es raro encontrar multitud de personajes que llevan a cabo sus investigaciones en distintos puntos de la historia, como Marco Didio Falco en la antigua Roma, Fray Cadfael en la Inglaterra medieval o Benjamin Daubney (y su criado Roger Shallot) en la corte de los Tudor.  Siempre he encontrado que resulta un tipo de literatura muy interesante para el director de juego interesado en un periodo histórico determinado, ya  que bien planteado permite mostrar distintos aspectos de la vida cotidiana y también sobre la forma de investigar (que es algo que los personajes suelen terminar haciendo tarde o temprano) de una época.

Pensando en Solomon Kane se puede mencionar esta serie de la Hija del verdugo. Su ambientación es, en principio, algo tardía, se sitúa tras el fin de la guerra de los 30 años, pero muchos de los mimbres que utiliza son perfectamente válidos para reutilizarse para nuestros propios cestos.

Al contrario que muchas de estas novelas, que adoptan la forma de memorias, bien del detective bien de un acompañante más o menos despierto, la narración se realiza en tercera persona. Pero mientras en algunos personajes el narrador se inmiscuye para narrarnos sus pensamientos más íntimos y privados otros permanecen siempre a cierta distancia, como vistos, pese a todo, a través de otro personaje. Tal es el caso del verdadero personaje principal de la historia, el verdugo Jakob Kuisl, cuyos procesos mentales, en la tradición de Holmes y sus imitadores, nos resultan normalmente opacos. Por el contrario los pensamientos de su ayudante, también podríamos decir en la tradición de Watson, el médico Simon Fronwieser, son mucho más transparentes. Y, pese al título del libro, la hija del verdugo, Magdalena Kuisl, es en realidad un personaje secundario, cuyo papel en la investigación es limitado.
El argumento se inicia por la muerte de un niño, uno de los huérfanos del pueblo bávaro de Schongau, que aparece marcado, con un símbolo alquímico dibujado en su espalda. Pronto todos señalan a la partera del pueblo, Martha Stechlin, con una palabra de acusación en la boca: "bruja". La supuesta hechicera es arrastrada a la cárcel local, pero eso no detiene la cadena de muertes de niños y la sombra del pánico brujeril, y las acusaciones multitudinarias, pronto planea sobre el pueblo.

Quizás el personaje de Jakob Kuisl sea a lo largo de la novela demasiado perfecto: luchador temible de fuerza sobrehumana, intuitivo en la investigación y maestro de la medicina; pero además es el único capaz de ver más allá de los prejuicios que ciegan a los demás personajes.  Su único defecto, y pese a las menciones ocasionales de ello no es algo que le lleve a cometer ningún error, es su afición excesiva a la bebida o, y aquí el guiño holmesiano parece evidente, su sempiterna pipa.  El hecho de que el autor, Oliver Pötzsch, afirme ser descendiente de los Kuisl hace que esta idealización del personaje del verdugo resulte un poco sospechosa. El libro no deja de recordarnos la marginación que sufre la familia Kuisl y, pese a todo, Jakob parece un personaje por encima de esta discriminación; en realidad por momentos la forma en que recalca sus múltiples talentos y habilidades hace difícil creer el nivel de desconfianza, incluso desprecio, que muestran otros personajes del pueblo hacia él. 

La galería de personajes es interesante, así como las tensiones sociales y comunitarias de un pueblo cualquiera en la región católica de Alemania. La descripción de escenarios y las escenas más dinámicas es muy correcta, mientras que la figura del villano de la función es muy interesante; también la representación de la política local y la relación con otros estamentos es digna de mención, así como el papel del verdugo en esta sociedad. La documentación histórica es exhaustiva y da la sensación de un entorno muy vivo, aunque a veces algunas cuestiones parecen mencionarse únicamente para mostrar la profundidad de la investigación del autor.

Sin embargo por momentos la forma de mantener el suspense parece algo tramposa, diálogos en los que los personajes parecen evitar usar nombres o mencionar lugares que pudieran darnos una pista sobre la trama u sus verdaderos objetivos pese a encontrarse en privado.

Yo he leído la traducción inglesa, que ha recibido algunas críticas (y en el segundo libro de la serie cambian el encargado de la traducción) por su vocabulario demasiado moderno, pero el libro ha sido editado también en español recientemente. 

Puntuación: 6/10
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